Lo cotidiano.
Sentarse en un banco y aguantar el aire para escuchar: los gritos que nadie da, los susurros que inundan los oídos y esos silencios que pesan más que cualquier palabra.
Diseño desde la silla de la cocina, entre el olor a comida y las discusiones que nunca terminan; desde el sofá donde me cuentan una vida que (a veces) me gustaría vivir.
Unas ideas que no nacen de ninguna inspiración divina; nacen de habitar el tiempo con rabia y con amor en los lugares más comunes:
En la arena, hablando de lo que seremos (si es que somos algo).
En la hierba, dejando que el viento me explique por qué todo cambia.
En el asfalto, viendo cómo la gente se evita o se encuentra.
Esto no es solo diseño. Es lo que veo, lo que escuchas, lo que nos duele y lo que nos hace reír en medio de todas las hostias.
Es lo que soy ahora, lo que fuiste tú y lo que (espero) nos atrevamos a ser.
Diseñado para los que sienten demasiado (bien).
